viernes, 6 de agosto de 2010
miércoles, 4 de agosto de 2010
Las olas en nuestra ciudad


Sabemos que los orígenes de nuestra ciudad se encuentran en en lecho de un gran lago donde fue fundada Tenochtitlán, después ese espacio fue aprovechado por los españoles para también fundar uno de los primeros núcleos urbanos en sus territorios de ultramar: la ciudad de México, la cual siguió en un entorno lacustre hasta ya entrado el siglo XX.
Pués el agua nos sigue... en la actualidad la ciudad sigue estando en un medio acuático, claro que sus habitantes ya no podemos cosechar nada de ella, ni ahuatle, ni carpas, ni acosiles, ni bejuco, ni podemos obtener beneficio alguno; en lugar de ello obtenemos vialidades desbordantes de líquido mezcla de agua de lluvia con otros fluídos que no sé que serán (incluso las avenidas aéreas se inundan!!), obtenemos también preocupaciones, dolores de de cabeza, enfermedades, incluso pérdidas materiales y hasta humanas y un largo etcetéra.
En un breve periodo el agua ha pasado de embellecer y servir a la ciudad a perjudicarla y a preocuparla.
¿No será que Natura nos está cobrando la factura? ¿no será que décadas de caos y desorden en el crecimiento de la ciudad están llegando a un punto de no retorno?
Espero que en un futuro nuestros descendientes no se refieran a nosotros como la Atlantida pirata.
martes, 19 de enero de 2010
La dulce ciudad de México y su oferta engolosinante
La ciudad de México, Mexicalpan de las tunas, Chilangolandia, la Ciudad de los Palacios, el DeFectuoso, Chilangopolis, la Capital o como se le quiera llamar… este gran espacio con sus millones de habitantes, no es una sino millones de ciudades; eso ya la convierte en un gran sitio de interés, en un caleidoscopio que de donde se le mire puede guardar cierta atracción y fascinación. Materia abundante para trotamundos, viajeros y para los que hacen turismo, en ella podemos hallar de todo para todos. En esta ocasión quiero centrarme en un aspecto que por cotidiano suele ser pasado por alto, y que es factor de goce para gente de cualquier edad, me refiero a la oferta engolosinante de la capital mexicana.
El individuo que por cualquier razón se encuentre en esta ciudad tendrá la posibilidad de endulzarse la vida con una enorme variedad de golosinas, dulces, nieves, panes y demás alimentos que aunque tengan altos niveles de calorías no dejan de ser una delicia al paladar
La tradición por lo dulce es añeja, los habitantes de Tenochtitlán tenían por costumbre comer granos de maíz y amaranto endulzados con miel, esto se vio enriquecido en la época virreinal con el azúcar y otros ingredientes traídos por los europeos. Ya en el periodo colonial existían establecimientos dedicados a la venta exclusiva de manjares dulces, por ello no es de extrañar la afición que el pueblo mexicano tiene por las golosinas, misma que se mantiene vigente al despuntar el siglo XXI. Cualquiera de nosotros puede endulzarse la vida visitando el pueblo xochimilca de Santa Cruz Acapilxca, donde se tendrá acceso a los tradicionales dulces cristalizados, es decir frutas, tubérculos o vegetales cocidos lentamente en piloncillo, lo mismo naranjas o camotes, que zanahorias, chilacayotes, betabeles, nopales y hasta chiles. También se podrá retroceder en el tiempo y saborear el amaranto en diversas formas
Si no se tiene el ánimo o el tiempo para el viaje hacía el sur de la ciudad, entonces tenemos la opción de darnos la vuelta al mercado Ampudia, ubicado en el populoso barrio de la Merced donde prácticamente se podrá acceder a lo mismo que en el pueblo mencionado más otras delicias de la confiteria tradicional mexicana como lo son las palanquetas, los tarugos de tamarindo, los ates, los jamoncillos, las pepitorias y los dulces de temporada. Ahora que si se quiere tener esa misma experiencia pero en una atmósfera más sofisticada entonces habrá que acudir a la Dulcería de Celaya, localizada también el centro de la ciudad, en la calle 5 de mayo, ahí se encontrará además de la tradicional cajeta y turrones, una variedad de dulces hechos a base de huevo, licores y canela, tales como los huevos reales, suspiros de monja y aleluyas.
Otra forma de no solo azucararse el presente, sino también de refrescarse es a través de la ingesta de nieves y helados hecho que igualmente tiene una añeja práctica, ya los gobernantes mexicas comían nieve traída desde los volcanes, luego el consumo fue tal que en la época de los virreyes el negocio fue monopolio de la Corona española y según nos dice Juan de Viera, un personaje de la época, multitudes acudía las muchas neverías “a tomar fresco en diversidad de helados”. Hoy en día es posible hacer lo mismo en cualquier punto de la geografía de la ciudad, aún así no está por demás mencionar sitios como la Nevería Roxy, ampliamente conocida en la colonia Condesa y más allá, ahí uno viaja por el tiempo a los años sesentas o setentas con la decoración del local y puede atiborrarse de nieves sui generis, como la de zapote o plátano; algo semejante ocurre en La Especial de París, establecimiento que le dobla la edad a la Roxy y que se encuentra en la muy transitada avenida Insurgentes centro, las nieves de este sitio también se caracterizan por estar hechas con ingredientes naturales, sin nada artificial; así, la de vainilla se hace a partir de las vainas de las flores que dan origen a tal ingrediente; la de cacao (el chocolate es otro de los sabores) se manufactura con la semillas de esa planta y así sucesivamente; las mesas, sillas y barra del lugar dan cuenta de su antigüedad. Es tal la tradición por este dulce gélido que en Xochimilco y Milpa Alta se lleva a cabo desde hace ya varios años sendas ferias de la nieve, en semana santa en Tulyehualco y San Antonio Tecómitl se degusta por unos cuantos pesos litros y litros de nieve de los mas variados y exóticos sabores: mole, tequila, nopal, zanahoria, y los ya habituales limón, fresa, pétalos de rosas, queso y mamey.
En este viaje por lo dulce no se puede dejar de mencionar al pan, México es uno de los países que más variedad de panes tiene, sólo hay que asomarse por algún expendio o panadería o echarle un ojo a la canasta de cualquier panadero ambulante, además el comer pan no sólo implica mover las quijadas y endulzarse el instante, también hay que ejercitar la memoria y así recordar las docenas o ¿cientos? de nombres que se le dan a las tantas variedades de dicho alimento, este aspecto fue muy bien retomado por Chava Flores en La Chilindrina, una de las tantas canciones que le inspiró la capital mexicana.
Lo dulce acompaña a los mexicanos, no se puede concebir un fin de semana o día de feria sin buñuelos, algodones de azúcar, manzanas acarameladas, raspados, plátanos fritos, incluso hot cakes a la mexicana, aderezados con mermeladas, miel, leche condensada… Lo cierto es que todo lo mencionado en las líneas anteriores está a nuestro alcance, es una de las tantas bondades que tenemos quienes estamos aquí, permanentemente o de paso, y que la mejor dulcería, heladería o panadería es la que nos endulza la vida y nos hace un poquito más felices.
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y el sol donde está????
El clima no ha sido benévolo en México en general y en su capital en particular, en lo que va del año apenas hemos tenido tres o cuatro días de sol, el resto se ha caracterizado por el viento y el frío intenso. Nos estamos congelando.
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